El divorcio o la separación de una pareja es un proceso emocionalmente complejo que se complica aún más cuando existen bienes en común. Y la "joya de la corona" —y a menudo el mayor quebradero de cabeza— suele ser la vivienda familiar.
En Altiora, hemos acompañado a muchas exparejas en este proceso de transición. Nuestra experiencia nos dice que, más allá de las emociones, lo vital es tomar decisiones financieras frías para evitar perder patrimonio.
Si te encuentras en esta situación en 2026, básicamente tenéis tres caminos. Analicemos los pros, los contras y la fiscalidad de cada uno.
Es la solución ideal cuando una de las partes quiere conservar la vivienda y tiene capacidad financiera para asumirla en solitario.
¿En qué consiste? La parte que se queda la casa compensa económicamente a la otra por su porcentaje.
La ventaja fiscal: Es mucho más barato que una compraventa normal. En lugar de pagar el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales (6-10%), se tributa por Actos Jurídicos Documentados (AJD), que suele rondar el 0,5% - 1,5% según la CCAA.
El obstáculo: El banco. Para que esta operación sea "limpia", el banco debe aceptar sacar a la expareja de la hipoteca (novación). Con los criterios de riesgo de 2026, el banco puede exigir nuevas garantías o avales a quien se queda la casa.
Es la opción más común y, a menudo, la más saludable emocionalmente. Vender la casa y repartir el beneficio neto (después de cancelar hipoteca y gastos) permite a ambas partes empezar de cero con liquidez y sin ataduras.
¿Por qué es vital un agente externo aquí? En un divorcio, poner el precio es motivo de disputa. Uno quiere vender rápido (precio bajo) y el otro quiere sacar el máximo (precio alto).
En Altiora, actuamos como árbitro neutral. No estamos de parte de ninguno de los dos, sino de parte de la propiedad. Fijamos un precio de mercado objetivo para vender en el plazo acordado, gestionando las visitas para evitar tensiones entre los propietarios.
Si el mercado está bajo (no es el caso de 2026) o si queréis mantener el activo para que lo hereden los hijos en el futuro, podéis conservar el proindiviso y ponerla en alquiler.
El riesgo: Seguiréis vinculados económicamente. Tendréis que poneros de acuerdo para pagar derramas, reparaciones o gestionar inquilinos. Si la relación no es cordial, esta opción suele ser una fuente inagotable de nuevos conflictos.
El mayor problema al liquidar la sociedad de gananciales es que cada parte atribuye un valor diferente a la casa.
"La reformamos hace dos años, vale mucho más".
"Yo solo quiero venderla ya y quitarme la hipoteca".
Para desbloquear la situación (ya sea para vender o para que uno compre la parte del otro), necesitáis un dato externo e indiscutible: una valoración profesional de mercado. Sin ese número real, el proceso legal se enquista y los costes de abogados se disparan.
Vender la casa familiar no es un fracaso, es el paso necesario para construir vuestra nueva vida. Hacedlo con asesoramiento profesional, transparencia y rapidez.
¿Necesitáis saber cuánto vale la casa para llegar a un acuerdo justo? En Altiora, ofrecemos valoraciones discretas y objetivas que sirven como base sólida para vuestra negociación.
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